Jesús Ruiz Mota

Me presento como Jesús Ruiz Mota, opositor a la Carrera Judicial y Fiscal. Lo cierto es que no estaba seguro de si mi visión de la oposición podría parecerle interesante a alguien; no obstante he decidido lanzarme a ello.

Desde octubre de 2017 me encuentro embarcado en lo que espero que sea el duro inicio de una apasionante vida laboral. Nunca tuve claro qué quería ser tras acabar el Grado de Derecho, ya que casi podría afirmar que empecé en la Universidad más por inercia que otra cosa. Sin embargo las prácticas externas en un Juzgado y una maravillosa persona, tutora y juez hicieron crecer en mí las ganas más absolutas de empezar esta oposición. Me hizo ver que para ser juez sólo hacen falta ganas y sacrificio. Mucho sacrificio. Y así disipé mi mayor duda: cómo iba a poder ser juez un chaval de una familia bastante humilde.

A partir de aquí surgieron en mí nervios, temores, desconfianza y una sensación de vértigo cuya superación es proporcional al número de artículos que vas reteniendo cada jornada de estudio. Es fundamental conocerse uno mismo, saber cuáles son tus límites y cuáles tus puntos débiles, ya que todos estos aspectos deben ser trabajados durante la oposición. Precisamente mi punto de flaqueza siempre ha sido el esfuerzo, pues era el típico alumno que estudiaba un par de días antes del examen. Así que conociendo esto decidí que era necesario encontrar a alguien que me ayudase con la preparación, aunque hasta este punto supongo que la mayoría de los opositores habremos tenido un camino similar.

Ya iniciada la oposición, no tardé mucho tiempo en darme cuenta de que me encanta estudiar. El hecho de aprender con bastante fondo nociones que en el Grado apenas se tocan, me parece tan enriquecedor e interesante que ameniza las seis, ocho o diez horas diarias de estudio según el día. Precisamente en cuanto a la organización del estudio, hay quienes prefieren estudiar por objetivos, es decir, la planificación gira en torno a conseguir llevar el día asignado los temas que manda la preparadora; y también hay quienes prefieren estudiar por tiempo, esto es, las horas diarias que cada cual crea conveniente y haciendo todo lo posible dentro de ese término. Yo sigo el primer método teniendo un día libre a la semana, que en mi caso es el domingo, por lo que el sábado noche siempre salgo a despejarme con mis amigos. Y siguiendo este método no me he sentido superado o hastiado con la oposición sino todo lo contrario, ya que cada día soy consciente de que afianzo más los conocimientos y estoy un pasito más cerca de conseguir el ansiado objetivo: la plaza.

Pero lo realmente interesante llega ahora, ya que quién me iba a decir a mí, a quien se le grabó a fuego que la media para conseguir plaza está en cinco años, que apenas un año después de empezar iba a aprobar la primera fase de la oposición.  Efectivamente, tras un año rindiendo a un muy buen nivel conseguí estudiar todos los temas de Derecho constitucional, civil y penal, logrando pasar la nota de corte del tipo test. Mi preparadora estaba encantada y yo no me lo podía creer. Tres semanas después tenía que enfrentarme al Tribunal Supremo habiendo dado apenas un par de vueltas al temario.

Dos eran las ideas que imperaban en mi mente. Por un lado no paraba de decirme que si suspendía no pasaba absolutamente nada, ya que no era mi año y me había colado ahí por fortuna. Además, el hecho de aprobar casi supondría un castigo, ya que tendría que hacer el último examen sin haber visto ninguno de los más de ciento treinta temas que lo conforman. Pero por otro lado, y quizá por mi obsesión por el perfeccionismo, no concebía la idea de ir al Tribunal Supremo a pasearme. Quería aprobar. Y aprobé. Tras recibir la noticia personalmente de don Andrés Martínez Arrieta (Presidente de mi tribunal calificador), yo estaba en una nube, aunque siempre con la amenaza de lo que me esperaba los próximos meses. Efectivamente, desde noviembre a mayo fueron unos meses muy duros donde conseguí no obstante, estudiar todos los temas de materias sumamente complejas como son procesal, mercantil, laboral o administrativo. Me enfrentaba a un segundo asalto con el Tribunal Supremo con una ilusión tremenda, pero siempre desde la humildad de que era mi primera convocatoria y que yo ya había hecho todo lo posible por mi parte. Finalmente, conseguí cantar los cinco temas pero el tribunal consideró que no llegaba al mínimo exigible por muy poco. Eso sí, lejos de hundirme, decidí quedarme con todo lo positivo de la experiencia y transformar la rabia en motivación para volver la próxima convocatoria con un mayor grado de madurez.

Jesús Ruiz Mota