Catarsis judicial, por Raimundo Prado

En el festejo de su jubilación, un admirado secretario judicial (me niego a llamarle LAJ, fonéticamente parece despreciativo) expresó un pensamiento de esos tipo Paulo Coelho, aunque con más gracejo y profundidad que los que el escritor brasileño suele utilizar de manera casi mecánica para que el personal los cuelgue en Facebook. Decía éste sabio de la fe pública que “la vida es una estafa”. Sí, como suena, una estafa. Y lo explicaba así: a medida que el tiempo transcurre y posees más experiencia, que te impregnas de mayor conocimiento, que el paso de los días te hace penetrar con mayor facilidad en el comportamiento humano, que eres más viejo y  listo, cuando podrías solventar problemas y evitarlos, cuando conoces más y sabes más de la propia vida, ésta te abandona y se te queda cara de  “difunto tonto”. Ha pasado el tiempo desde aquella reflexión y acabas dándote cuenta de que lo que afirmaba era cierto y que la vida está confeccionada así desde el Pleistoceno.

Los griegos, que fueron muy listos y que asentaron los principios del conocimiento moderno, nominaron catarsis a sentimientos que producen una purificación derivada de una experiencia vital profunda. Los españoles, que somos más superficiales pero no exentos de filosofía, lo resumimos con el refrán “no hay mal que por bien no venga”.

Quienes llevamos muchos años en juzgados y tribunales, hemos pasado el tiempo quejándonos del abandono de la Justicia. De su pobreza, de su falta de medios. Del desconocimiento de los ciudadanos sobre la cotidiana realidad. Quejándonos del falso prototipo de juez anglosajón con peluca y palacete que se nos atribuye. Nos hemos quejado ad intra de los ciertos amiguismos a la hora de nombrar cargos. Nos venimos quejando de nuestras condiciones profesionales, de las visitas y del pasilleo que  concretos compañeros, como óbolo, realizan a quienes resolverán sus futuros destinos en la “selecta clase judicial”. Hemos criticado ese innoble deporte del peloteo a políticos y que la asistencia a corrillos y “saraos extrajudiciales” se convirtiese en necesario trampolín a puestos de dirección judicial. ¡Hemos criticado tanto, pero hemos actuado tan poco!

Afortunadamente, la Carrera Judicial se despierta. Actúa. ¡Ya era hora!  Han bastado acciones conjuntas, responsables pero firmes, promovidas por jueces que odian y odiamos el nepotismo y el statu quo para que la muralla corroída comience a derrumbarse. Para que determinados políticos rectifiquen, aunque sea contra su voluntad. Para que los ciudadanos comprendan que los jueces no somos “casta”, sino que velamos por los derechos de todos. Determinadas situaciones acaecidas han provocado una necesaria catarsis, una entrada de aire fresco y esperanza, una fijación de las correctas estructuras de base.

Quienes, por los años, hemos acaparado experiencia, no podemos ser egoístas. No podemos  aceptar  juegos caducos. No tenemos derecho a morirnos sin aminorar los efectos de la estafa vital, sin intentar que la Justicia en España sea lo que tiene que ser y no lo que parece. Y desde ya.

Raimundo Prado Bernabéu

Magistrado y portavoz nacional de la Asociación Judicial Francisco de Vitoria (AJFV)

Fuente: elmundo.es