¡Que cumplan ellos!, por Raimundo Prado Bernabéu

El sistema actual encierra perversiones constantes que laceran el trabajo digno de la carrera judicial y lastra de epítetos a miembros de ese poder que no tienen que ver con el juego político

Que la ley debe cumplirse y que es igual para todos, pues qué quieren que les diga… yo ya no me lo creo. Además, por mi profesión, creo ser poco sospechoso de radicalismo o de demagogia populista. No soy de esos que van afirmando que la ley solo se aplica al pobre o al marginado de manera estricta. He sido testigo directo de la recta aplicación legal a personas con independencia de su condición social o económica. Realmente, tal premisa es lo que engrandece la convivencia. Todos deberíamos cumplir los mandatos generales emanados del Parlamento, es una de las piezas clave en los estados modernos. A estas alturas, no es algo difícil de entender.

¿A qué viene esta afirmación? Pues eso, que la ley no es igual para todos y que su incumplimiento no acarrea las mismas consecuencias según sea un destinatario u otro.

Les pongo algún ejemplo y, si estoy equivocado, fácil es desdecirme, fácil es aseverar que miento como bellaco, que estoy errado sin hache o que soy un intoxicador de la voluntad general.

Todos deberíamos cumplir los mandatos generales emanados del Parlamento, es una de las piezas clave en los estados modernos

Lo de la elección de vocales judiciales por el Consejo General del Poder Judicial es ‘de traca’. El sistema actual encierra perversiones constantes que laceran el trabajo digno de la carrera judicial española y lastra de epítetos a miembros de ese poder que nada tienen que ver con el juego político que subyace en los citados nombramientos. Resulta ya aburrido. Es como un frontón sordo que devuelve la pelota una y otra vez. Que los jueces pedimos que seamos nosotros quienes nombremos a nuestros representantes… devolución de pelota por el frontón. Que lo pide Europa… la pared te escupe la bola aún más lejos si cabe. En fin, que me voy y me pierdo con la premisa anterior. Les voy a poner algún ejemplo de incumplimiento legal y, ojo, no un incumplimiento cualquiera. No de un decreto, de una instrucción ni de una ley ordinaria. Les hablo de una ley orgánica y de una institución que afecta a la esencia del sistema estatal. Les hablo de la propia Ley Orgánica del Poder Judicial y el nombramiento del propio Consejo.

El artículo 568 es muy clarito: cinco años de duración del mismo. Con cuatro meses de antelación, se inician los trámites para que todo esté a punto en el momento legalmente previsto. Pues bien, ¿qué ocurre? Pues que verde las siegan, que sus señorías y quienes negocian todo esto de manera personal y en contra del verdadero espíritu legal se saltan la ley como Serguei Bubka saltaba pértiga. Como un modisto juega con el forro. La ley les importa un rábano. Da igual cuatro, que cinco, que siete meses o que tres años. Hasta que la conjunción de Júpiter no se alinee con Saturno, hasta que no exista sintonía entre los partidos por cuestiones ajenas, hasta que no se encuentre el encaje debido entre el cambio de cromos, nada se hará. Da igual lo que diga la ley. Da igual que una institución deba cambiarse. No pasa nada. Lo primero, el interés partidista, que está por encima del interés general. Faltaba más. ¡Para eso mandamos y tenemos los medios!

Quienes negocian todo esto de manera personal y en contra del verdadero espíritu legal se saltan la ley como Serguei Bubka saltaba pértiga

No es la primera vez que sucede. Me comentan que las ‘negociaciones’ —qué feo concepto— para la renovación del actual Consejo se han paralizado porque un grupo se ha enfadado con el otro por cosas que nada tienen que ver con el mundo judicial. “¡Ya no te ajunto!”, decíamos de pequeños. Si la cosa continúa así, una institución del Estado se verá prorrogada de manera ilegal por cuestiones que nada tienen que ver con estrictas cuestiones de índole técnica. Se incumplirá la ley, sin más, y sin sanción ninguna para los incumplidores. No es muy ético que sea el propio legislador quien incumpla. Es más, es bochornoso. Pero no pasará nada. No se les va a sancionar. Parece que es algo que se permite por ser vos quien sois, siendo en realidad una aberración de la que los ciudadanos no son conscientes. Quien puede hacer eso sin reproche, quien se salta la ley de manera tan burda, puede hacer muchas más cosas que al resto de los mortales nos están vedadas. ¿Se imaginan que las elecciones no se celebrasen en el tiempo previsto porque la carrera judicial estuviese negociando quién va a ser el próximo decano de Cáceres?

El otro día, las asociaciones de jueces y fiscales nos reunimos para dar cumplimiento a lo que establece una ley de 2003 en materia retributiva. Llevábamos 10 años sin acatar lo establecido. A uno de los responsables ministeriales, en un determinado momento, ante el reproche que le hacíamos relativo a que no solo queríamos el cumplimiento de la ley de manera formal sino real, quizá por inexperiencia política, se le escapó una frase: “Tenía que haber hecho caso a lo que me aconsejaron mis anteriores y seguir sin cumplir la ley evitándome así problemas”. Fantástico consejo. La sociedad debería decir algo. Quejarse después no sirve de nada.

Mientras tanto, los jueces a lo nuestro. A guardar y hacer guardar la Constitución y el ordenamiento jurídico que prometimos. Por nosotros no va a quedar.

*Raimundo Prado Bernabéu, portavoz de la Asociación Judicial Francisco de Vitoria.

Fuente: elconfidencial.com