Un elefante se balanceaba sobre la tela de una araña…, por Raimundo Prado

Hoy, 22 de mayo, hay jornada de huelga. Una huelga muy especial. Una huelga que no la ejercita un sector laboral habituado a ello

Verano de hace 1.000 años. Campamentos estivales. Un autobús traslada por carreteras repletas de curvas y árboles a un amplio grupo de niños. Los más ‘gamberretes’, siempre en los asientos traseros. De repente, se oye una canción que va tomando cuerpo de modo generalizado… “Un elefante se balanceaba sobre la tela de una araña y como veía que no se caía, fue a llamar a otro elefante…”.

Hoy, 22 de mayo, cuando hace ‘la calor’ y los trigos se encañan, hay jornada de huelga. Una huelga más en esta España, que es camisa blanca de nuestra esperanza. ¿Una huelga más? No. Una huelga muy especial. Una huelga que no la ejercita un sector laboral habituado. No es la metalurgia ni la Renfe —que ahora se denomina de otra manera—. No es la minería ni el transporte. No es el sector del taxi ni el de la recogida de basura. No es, ni siquiera, esa huelga de pilotos que tanto encorajina a los ciudadanos de rentas medias o bajas. No es siquiera una huelga funcionarial. ¿Pero qué huelga es esta?

Pues, sorprendentemente, es un paro, una huelga, de jueces y fiscales. De esas señoras y señores cuyo trabajo consiste en golpear con un martillo y meter a la gente en chirona. Una huelga de esos potentados (servidor incluido) que vivimos de lujo y somos ‘casta’, que no necesitamos pedir créditos para comprar chalés en el campo de 600.000 euros (sin especular, por supuesto). Una huelga de unos personajes privilegiados y corporativistas que no trabajamos, y que solo acudimos a una oficina, a una sala de vistas, de 10:00 a 14:00, y después nos vamos a jugar al golf o a invertir en bolsa. Una huelga, en definitiva, de señoritos cortijeros que deberíamos estar labrando surcos, para saber qué es eso del trabajo real. Se trata de un capricho. De algo superfluo. Se hace porque no tenemos otra cosa que hacer. Estamos aburridos de montar a caballo, viajar por los fiordos y asistir a cócteles con los protagonistas de ‘Corazón, corazón’.

Una huelga es algo serio, una posibilidad crítica. Es el reconocimiento de un fracaso. Un medio extremo frente a lo que se considera una situación injusta

Cualquier lector avezado (supongo que la totalidad de los que ahora descifran este artículo) comprende que se trata de una ironía, una broma. Una huelga es algo serio. Muy serio. Es una posibilidad crítica. Es el reconocimiento de un fracaso. Un medio extremo frente a lo que se considera una situación injusta. Un sacrificio que se realiza por un futuro beneficio que se entiende justo y razonable. Un derecho. Una decisión complicada. Una medida que, a lo largo de la historia, ha costado sacrificio por parte de algunos para conseguir un futuro más justo.
Los jueces, junto con los fiscales, no tenemos más remedio que utilizar esta medida extrema para exigir lo que entendemos necesario en pro de una Justicia mejor para todos. Nadie nos ha hecho caso, pese a solicitarlo de manera responsable y con tiempo suficiente: ni ejecutivo, ni legislativo. Les da igual. Oyen llover. Como la tela de araña, la Justicia aguanta todos los elefantes que le echen, pero los políticos no valoran la estabilidad, la seguridad jurídica y la riqueza que una Justicia con medios y que trate correctamente a quienes la ejercen supone. Pedimos cosas muy sencillas, tan sencillas que un Poder ni siquiera tendría que plantearse exigírselas a los otros.

Como la tela de araña, la Justicia aguanta todos los elefantes que le echen, pero los políticos no valoran la estabilidad, la seguridad jurídica…

Independencia real. Europa exige que se nombren los vocales del CGPJ por los jueces. Al parecer, para muchos, Europa no existe.

Condiciones de trabajo adecuadas. Sería impensable que un paciente que se va a operar se sintiese seguro con un cirujano que opera constantemente sin horario día tras día. Más plazas. Estamos a la cola de Europa en relación juez-ciudadano, y eso que hemos dictado el último año cinco millones de sentencias.

Condiciones retributivas adecuadas a nuestra responsabilidad e incompatibilidades. No, no somos potentados. Pero eso no es tan importante. Lo que nos sorprende es que, en atención a nuestras cargas de trabajo, el cabo de la policía —con todos los respetos, claro está— ingrese más que el juez de Instrucción; que dentro de las profesiones jurídicas similares, seamos a quienes menos se retribuye de una u otra manera. Pedimos tener algo tan obvio como el mismo periodo vacacional y los mismos derechos sociales que el resto de la función pública, así como percibir por hora de guardia, al menos, lo mismo que una camarera de hotel —con nuestra admiración y respeto también para las mismas—, quienes, por cierto, han sido recibidas por el presidente del Gobierno, cosa que se nos niega a los representantes del poder judicial.

Protección frente a injerencias políticas. Medios para luchar contra los corruptos y para que un ciudadano no tenga que esperar años para que su asunto se solvente. En definitiva, exigimos lo que en otros países civilizados ya existe.

Lo hacemos para que ya no vengan más elefantes a balancearse y aprovechar sus cargos en la tela de araña llamada Justicia

Hoy, día 22, jueces y fiscales hacemos huelga por todo esto. Por todos los ciudadanos, nosotros lo somos. Lo hacemos para que ya no vengan más elefantes a balancearse y aprovechar sus cargos en la tela de araña llamada Justicia.

El autobús infantil continúa su ruta. Desde la parte de delante se oye el inicio monótono de otra canción de siempre… “Ahora que vamos despacio, ahora que vamos despacio, vamos a contar mentiras…Tra la lá”. Esa estamos ya aburridos de escucharla.

***Raimundo Prado Bernabéu, portavoz nacional de la Asociación Judicial Francisco de Vitoria.

Fuente: elconfidencial.com