El fallido sistema judicial, por Natalia Velilla

Cuando aún estudiaba Física, allá por 2º de BUP, antes de decidirme por las letras mixtas de una futura magistrada, mi profesora, una adusta mujer de Burgos, me explicó qué era la saturación. Saturar consiste en incrementar la cantidad de soluto en una solución hasta que ya no sea posible aumentar la concentración de ésta. En versión más de andar por casa, sería echar sal en un vaso de agua hasta que ya no sea posible disolverla.

Cuando la sal se asemejaba ya en concentración al Mar Muerto en agosto, un presidente, saltándose cualquier mínima norma del decoro, fue capaz de situar al mando de las dos salas estratégicas del Supremo a dos amigos de su entorno más cercano. Ambos procedentes de carreras ajenas a la judicial y que jamás han puesto sentencias en un juzgado de pueblo, como hemos hecho y hacemos casi 5.000 jueces. Para ello, no renovó al vigente presidente –procedente de la Carrera Judicial– moviéndose con quien hiciera falta. Lo importante era poner a quien él consideraba oportuno. De aquellos polvos, estos lodos.

El sistema ha saturado. El polvorín de la Justicia llevaba años aumentando e inflamándose. Muchos son los culpables de esta situación, incluidos los jueces y las asociaciones judiciales. Durante años hemos criticado el sistema de elección de los vocales de extracción judicial por los políticos y a la vez hemos cerrado filas con los magistrados de designación discrecional elegidos por esos mismos vocales. Pese a que muchos de los magistrados electos fueron designados por mérito y capacidad, otros tantos lo fueron por otros motivos y no hemos distinguido jamás. Todos eran para nosotros “compañeros”. En resumen: hemos defendido una cosa y su contraria. En nuestro pecado llevamos la penitencia.

La sociedad ha despertado. Los jueces hemos salido del amodorramiento generalizado en el que estábamos sumidos desde hacía décadas

La saturación se hizo evidente por dos flancos, por dos lados coincidentes con los mismos dos presidentes de Sala elegidos por el presidente al que hacía referencia unas líneas más arriba. Uno, por servir el bochornoso espectáculo de la Justicia a la carta “no me gusta la sentencia que ha puesto una sección, así que me invento un Pleno para corregirla”. Otro, por prestarse a que su nombre fuera paseado por pasillos de hemiciclos y despachos de Ferraz y Génova como trofeo de caza producto de unas vergonzosas negociaciones. El primero ahí sigue. El segundo se vio obligado a renunciar a lo que le ofrecían.

El grado de saturación era tal que los políticos ni siquiera repararon en que, día a día, estaban surtiendo de pruebas irrefutables al recurso contra el futuro nombramiento del presidente del CGPJ. Es cierto que mi asociación ya recurrió el nombramiento del actual presidente del CGPJ y perdimos. Pero en aquel momento aún quedaba un poco de respeto hacia los ciudadanos por parte de quienes sirvieron la crónica de un nombramiento anunciado. Esta vez las hemerotecas aprovisionaban de pruebas al eventual recurso que se pudiera presentar. Y eso fue, sospecho, lo que llevó al afectado a tomar la decisión correcta.

La sociedad ha despertado. Los jueces hemos salido del amodorramiento generalizado en el que estábamos sumidos desde hacía décadas. Por fin hemos sido capaces de diferenciar entre el Poder Judicial como servicio al Estado y los movimientos políticos que conforman un CGPJ que hace de todo menos defender la imagen de independencia de los jueces, ampararles, tutelar sus derechos profesionales y batallar por sus intereses frente a los otros dos poderes.

Mantener un sistema caduco y rancio que huele a la España del pelotazo, del bipartidismo atroz, de la corrupción y del comadreo solo puede servir para hundirse más en el fondo salino

Lo que antes se veía como una locura corporativista, ahora es aceptado por cada vez más ciudadanos, opinadores e incluso políticos. Contra todo pronóstico y siguiendo la estela de Ciudadanos, que en esto siempre ha sido contundente, el Partido Popular ha presentado un proyecto de ley de reforma de la LOPJ para permitir la elección por los jueces de los 12 vocales judiciales. Los grupos parlamentarios van a tener que posicionarse. El PSOE, ahora en el poder, puede acabar ante la sociedad y ante Europa como el único partido mayoritario que no acepta las recomendaciones del Grupo de Estados contra la Corrupción (GRECO), impidiendo la necesaria reforma de la ley.

Mantener un sistema caduco y rancio que huele a la España del pelotazo, del bipartidismo atroz, de la corrupción y del comadreo solo puede servir para hundirse más en el fondo salino. Algunos políticos aún no se han dado cuenta de que el sistema es fallido. Saturado. Muerto. Sólo reaccionando ante esto podrá afrontarse el futuro político y judicial con esperanza. Necesitamos decisiones de Estado y cambiar el modelo. En sus manos está, señores diputados.

***Natalia Velilla Antolín es magistrada y miembro del Comité Nacional de la Asociación Judicial Francisco de Vitoria

Fuente: vozpopuli.com