Las nuevas amenazas de la democracia, por Francisco Pleite

La verdad y la mentira unas veces se mezclan, otras corren paralelas, los usuarios tienen, en ocasiones, dificultades para deslindar la realidad de la ficción.

Las redes sociales están cambiando la sociedad de forma vertiginosa. Aún no sabemos el alcance que tiene porque nos falta perspectiva para apreciarlo. Pero algunos de estos cambios son más profundos de lo que podemos imaginar. Facebook, YouTube y Twitter son instrumentos de este nuevo siglo que utilizan cientos de millones de usuarios. La información, que se difunde sin verificar, llega con mayor facilidad y rapidez a los ciudadanos. Miles de cuentas de redes sociales expanden bulos y manipulan la información por todo el mundo bajo la apariencia de certeza. La verdad y la mentira unas veces se mezclan, otras corren paralelas, los usuarios tienen, en ocasiones, dificultades para deslindar la realidad de la ficción lo que constituye la gran paradoja de estos tiempos: es más fácil el acceso a la «información» y menos fácil el acceso a la verdad. Decía Arthur Schopenhauer que: «Toda idea falsa es un veneno, no existen ideas falsas inofensivas». En los periodos electorales, aunque con posterioridad lleguen los desmentidos, estos bulos consiguen sus objetivos y la democracia se encuentra atacada en su esencia. Sirvan como ejemplo las últimas elecciones presidenciales de los Estados Unidos o el referéndum del brexit.

En Bruselas se ha creado una unidad dotada con catorce personas, denominada East Stratcom Task Force, para desenmascarar todos los intentos de manipulación procedentes de la órbita del Kremlin. Además, el servicio diplomático comunitario acoge otro equipo con cuatro personas que tratan de contrarrestar la propaganda del Estado Islámico y un tercero de dos personas que refuerza el mensaje europeo en los Balcanes Occidentales. La OTAN y la Unión Europea utilizarán el Centro de Excelencia Europeo de Helsinki para la lucha contra las amenazas híbridas (Hybrid CoE, por sus siglas en inglés), entendiendo por tales los ciberataques y la propaganda en la red que procuran aprovechar las vulnerabilidades de un país para socavar los valores democráticos y las libertades fundamentales.

Emmanuel Macron, ante los intentos de desestabilización de los resultados electorales mediante la difusión de noticias falsas, anunció una ley para controlar, limitar y castigar la propagación en la red, durante campañas electorales, de noticias falsas por parte de entidades extranjeras. De momento solo se limita a los períodos electorales, pero supone el inicio de una posible ampliación a otro tipo de noticias. Una nueva lucha se inicia en los estados democráticos, la de la verdad frente al engaño. Como afirmaba Tolstoi: «No temas la falta de conocimiento, teme el falso conocimiento, toda maldad de este mundo procede del falso conocimiento».

Los ciudadanos a través de internet solo acceden a una fuente de información o a aquellas que ratifican y coinciden con sus pensamientos, lo que implica que se va perdiendo el conocimiento y el respeto hacia las ideas de los otros. Va desapareciendo el pensamiento crítico en la sociedad. El debate se arrincona y los ciudadanos se vuelven intolerantes, de la falta de tolerancia se pasa al odio al que no piensa como nosotros y el odio precede a la violencia. Nuevamente internet es vehículo de transmisión del odio. En Alemania se legisla contra el odio. Desde el 1 de enero rige en el país una norma que obliga a las plataformas digitales a eliminar mensajes de odio en un plazo de 24 horas, de no hacerlo, las empresas (Facebook, Twitter, YouTube, etc.) se enfrentan a multas de hasta 50 millones de euros. El primer tuit eliminado fue el de la diputada Beatrix von Storch, del partido ultraderechista AfD. La Comisión Europea amenaza a las grandes empresas de internet con la aprobación de normas que obliguen a estas empresas a retirar mensajes que inciten al odio.

Los cimientos democráticos se tambalean antes estas nuevas amenazas provenientes de internet. La democracia tiene que reaccionar de forma preventiva, la ley es un instrumento más, pero no debe ser el único. Nuevas leyes nacen ante la mentira y el odio.Sin embargo ¿cómo se defiende la verdad? ¿Qué instrumentos puede utilizar el sistema democrático para protegerse de las noticias falsas y de los mensajes de odio sin limitar la libertad de expresión? Este debate, inimaginable en el siglo pasado, marcará los próximos años y tendrá una enorme transcendencia. De momento sufrimos las consecuencias, siendo lo único cierto que se empieza a reaccionar ante la necesidad de más verdad y menos tolerancia con la mentira.

***Francisco Pleite, es doctor en Derecho por la Universidad Carlos III y miembro de AJFV.

Fuente: elcorreoweb.es