En estos tiempos extraños que atravesamos hemos escuchado a menudo decir que después de la pandemia de COVID-19 muchas cosas dejarán de ser como eran antes. Lo cierto es que bastantes de los cambios que se consolidarán ya se estaban produciendo, sólo que el proceso de transformación en el que ya estábamos inmersos ha acelerado su ritmo. El nuevo mundo, en realidad, ya estaba aquí.

Como jueces, este proceso también nos afecta. La dimensión más evidente del nuevo escenario al que nos enfrentamos es la tecnológica. Hemos comprendido que es inevitable incorporar de manera efectiva y eficiente las TIC a la actividad jurisdiccional, con los importantes retos que ello plantea, especialmente desde el punto de vista de las garantías procesales.

Pero hay un plano de análisis más profundo y de mayor trascendencia para la preservación de nuestro sistema de libertades, del que como jueces constitucionales somos garantes. El viejo cuestionamiento de la independencia judicial nos ofrece ahora un rostro diferente. Los intentos de control del Poder Judicial siguen respondiendo, como antes, al propósito de dominar todas las esferas del poder público. Esta pulsión autoritaria es tan antigua como la vida humana en sociedad, pero se sirve ahora de otros medios.

Han cambiado los métodos y los instrumentos. Del intento de injerencia soterrada que conocíamos hasta ahora –a través del control en la designación de vocales del CGPJ y del presupuesto judicial o la regulación de las puertas giratorias– hemos pasado al ataque abierto a la legitimidad de los jueces como poder del Estado. Ya no estamos ante una interferencia indebida, sino ante un asalto directo. Se cuestiona la capacidad técnica del juez, se buscan vínculos aparentes entre esa decisión y la estrategia política de un determinado partido, se relaciona al Poder Judicial al completo con ámbitos de corrupción o se difunden datos falsos sobre la composición socioeconómica de la Carrera Judicial para presentarnos como personas alejadas de la sociedad a la que pertenecemos. Por acción o por omisión, la mayor parte de las formaciones políticas participan, en mayor o menor medida, de esta estrategia.

  • Nuestras reacciones no pueden servir para reforzar la estrategia de quienes quieren socavar la independencia judicial

Las redes sociales potencian el alcance de estos nuevos métodos. Los mensajes directamente deslegitimadores de nuestra función constitucional se difunden sin necesidad de que un medio de comunicación los recoja y reproduzca. El político lanza su mensaje al mundo virtual, empieza a propagarse y se genera el punto crítico de polémica necesario para que todos los medios de comunicación tradicionales se vean forzados a informar sobre el tema. Los medios siguen siendo importantes, pero han perdido su tradicional monopolio en la formación de opinión pública.

  • AJFV defenderá la independencia judicial con el mismo vigor y la misma coherencia de siempre en esta asociación

Este nuevo contexto nos obliga a adaptarnos para cumplir de manera eficaz nuestro deber constitucional en defensa de la independencia judicial. No tenemos la misma capacidad de acceso a los medios que aquellos que intentan atacarla. Tampoco nuestros mensajes en redes sociales alcanzan la misma difusión. Por esta razón, nuestras reacciones no pueden servir para reforzar la estrategia de quienes quieren socavar la independencia judicial.

No nos rendimos. Nuevos desafíos exigen nuevas respuestas y, en este sentido, AJFV está abriendo camino en un escenario en el que, antes o después, todos tendremos que aprender a desenvolvernos. Hay que defender la independencia judicial, ante todo, demostrándola en nuestras manifestaciones públicas: cada juez en su labor diaria y las asociaciones judiciales en las peticiones y reclamaciones que planteamos y en los mensajes que difundimos. Hay que divulgar de manera didáctica la importancia de contar con un Poder Judicial independiente para implicar a la ciudadanía en su defensa. Hay que buscar la complicidad de otros colectivos, no exclusivamente del ámbito judicial, porque sólo logrando un compromiso cívico sólido en defensa de las instituciones básicas de nuestra democracia conseguiremos preservar los equilibrios esenciales que salvaguardan las libertades civiles.

En estos tiempos extraños que atravesamos, querida familia vitorina, aquellos a quienes molesta la independencia judicial se presentan con un nuevo rostro, pero persiguen viejas aspiraciones. Es nuestro deber adaptarnos a este nuevo contexto sin retroceder un ápice en nuestras convicciones. Podéis estar seguros de que desde AJFV defenderemos aquella independencia con el mismo vigor de siempre y con la fuerza que nos da la coherencia que esta asociación ha mantenido en todo momento. Los valores inquebrantables de AJFV son nuestro mejor impulso hacia el futuro.

COMITÉ NACIONAL DE AJFV

Junio de 2020